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Hugo Horacio Escobar. 21 años. Intento de escritor e intento de conductor/locutor. Nochecita del Huracán por www.radiobunker.com Jueves 22 hs.

viernes, 21 de octubre de 2011

9. Junio



Antes de comenzar quiero decir que este capítulo se basa, más que nada, en conversaciones y notas.

Martes, 2 de junio de 2009.

Hoy se puede decir, que es el día más feliz de mi vida: después de todo lo que pasó, Natalia me dio una oportunidad.
Estaba en el aula y un compañero me dice que ella quería hablar conmigo. Me comentó que dudaba de lo que sentía y que, además, estaba en mí obtener un sí. Le mandé un mensaje, preguntándole si era verdad que quería hablar y me respondió que sí; que a la salida lo quería hacer. Estuve toda la mañana pensando en qué iba a decir.
Salí a las doce del cole y ella también lo tendría que haber hecho, pero tenía una prueba de historia  y salió un poco más tarde.
Fui a mi casa y después al gimnasio, cuando me estoy cambiando me llegó un mensaje suyo, diciéndome que ya salió y que se quedaba un ratito en lo del Pela. Le respondí diciendo que la esperaba en la otra esquina y como no me contestó, fui a buscarla. Cuando la vi, quiso empezar a hablar pero le dije que ahí no y nos fuimos a caminar. Me dijo que no sentía lastima por mí, que me quería y que le encantaría estar conmigo, pero que tenía miedo por ella. Yo le decía que no tenía por qué tener miedo. Seguimos caminando hasta llegar a la esquina de Santa Juana de Arco y Padre Elizalde y hablamos de muchas cosas, recordando todo lo que hicimos durante un año y unos días de conocernos. En un momento ella me puso una mano en su corazón y me dijo: - ¿Sentís?
Después yo hice lo mismo con una de sus manos y me dijo que se me iba a salir.
Tomé valentía y le canté: “una oportunidad, una oportunidad” y asintió con la cabeza (dudó un poco).
Me dio un beso. Fue la mejor sensación que tuve en mi vida. Le dije que no me conformaba y me dio otro. Después la acompañé hasta lo del Pela, porque estaba esperándola Eve y se quería ir a su casa. Al llegar no nos despedimos con un beso como los de minutos atrás. Creo que le daba vergüenza. Espero que no sea por mucho tiempo.
No puedo creer lo que me pasó hoy. Parece un sueño. Después de tanto intentar, llegó el día. Soy el hombre más feliz del mundo. Sé que tengo que ir de a poquito como me dijo Iri. Quiero demostrarle todo el amor que le tengo ¡ya! Pero no quiero cometer un error.
Estoy seguro de que hoy es el día más feliz de mi vida.

No esperaba que ocurriera todo eso aquella tarde. Esto lo escribí a la noche, que fue cuando caí en la realidad. Esperé ansioso a que llegara el día siguiente. Casi ni dormí.
Las primeras horas de clase parecían que no se pasaban más. Cuando la vi en el primer recreo, quise saludarla con un beso, pero ella se negó, con un leve movimiento de su cabeza. Acepté su respuesta: no quería presionarla.
Por MSN le decía cosas como: mi vida, mi amor, linda, y no recibía nada de su parte.
El cinco de junio la invité a salir:

Lalo: Si yo te invito a salir mañana, ¿vos qué decís? ¡Pará que te doy opciones!: A) Sí.  B) No. Porque tengo que ir a la casa de la abuela de la tía de la tataranieta de la sobrina de mi abuelo. C) Esperá que lo pienso.
Natalia: Me tengo que ir a hacer estudios y más a la nochecita salgo.
Lalo: Bueno, ¿el domingo?
Lalo: A) No. Porque tengo que estudiar B) Sí. C) Tengo que ir a la casa de...
Natalia: Familia jajaja. Lo clásico divi.

Hoy sigo sin entender ese “lo clásico”.
Pasé una semana sin darle un beso. En esos días estaba haciendo los trámites para renovar mi documento, porque faltaba poco para que cumpliera diecisiete y falté en varias ocasiones al colegio. El martes 9 también la invité:

Lalo: ¿El viernes salís conmigo, no?
Natalia: Tengo dentista.
Lalo: Y el sábado no, porque tenés que ir al otorrinolaringólogo, ¿no? Jajaja.
Natalia: Loqui me voy a bañar. Ahora vengo.

Imagínense la expresión de mi cara en ese momento. El viernes, yo cumplía diecisiete años. Como no respondió lo que le había dicho, cuando regresó de bañarse, no volví a tocar ese tema.
Me sentía triste. Quería estar con ella, demostrarle mi amor, pero no me dejaba. Una de las cosas que me levantaba un poco el ánimo, era que Evelyn me diga “cuñado”. La primera vez que lo dijo, me sorprendí. Yo también empecé a decirle “cuñada”.
El día de mi cumpleaños, pasé el primer recreo con Nati. A la tarde, cuando salí de Educación física, volví a estar con ella, pero como tenía dentista, no estuvimos juntos mucho tiempo.
Mis amigos vinieron a mi casa a la noche, para festejar mí cumple. Fue bastante tranquilo. Terminó temprano el asunto.
El quince de junio, las cosas empezaban a cambiar rotundamente. El día anterior Evelyn me dijo que Nati estaba indecisa con respecto a lo que sentía y que tampoco sabía lo que quería. Si una persona que la conoce desde hace años, tampoco sabe lo que ella quería, ¿qué me quedaba a mí?
Hablando con Nati, en un momento me escribió un ícono de un corazón roto. Lo puso por poner. Pero le respondí que nunca iba a hacer eso (romperle el corazón), que era lo último haría. No le dio mucha importancia, y cambió el tema. La conversación  siguió así:

Lalo: ¿Me dejas que te siga contando?
Natalia: Sí, dale.
Lalo: Yo nunca voy a hacer eso porque vos sabes muy bien todo lo que hice para estar con vos.

No dijo nada por cinco minutos.

Lalo: Te quedaste callada.
Natalia: Perdón, me colgué. Sos un amor, la verdad. Sos muy bueno y no quiero lastimarte.
Lalo: No me vas a lastimar.
Natalia: Es que sí, no sé. Vos sabes lo que siento yo.
Lalo: Si yo te digo que no, es no.
Natalia: Si vos lo decís…
Lalo: Cuando vos sepas verdaderamente lo que querés, sea cual sea la respuesta, la voy a aceptar. ¿Sabes?
Natalia: Sí, ya sé. Pero yo no quiero lastimarte, no me gustaría para nada, porque yo sé lo que vos sentís, y como sos, más con lo que pasó.
Lalo: Lo que pasó, ya está. Listo.
Natalia: Sí, ya sé, pero lo que causa eso, no pasó
Lalo: Está bien. No quiero hablar más de esto. Me voy a dormir. Beso.
Natalia: Bueno. Un beso.

Destrozado. Esa es la palabra perfecta que describe como estaba en ese momento. Se acercaba el final de los días más lindos de mi vida. Faltaba poco. Muy poco…

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