Datos personales

Mi foto
Hugo Horacio Escobar. 21 años. Intento de escritor e intento de conductor/locutor. Nochecita del Huracán por www.radiobunker.com Jueves 22 hs.

viernes, 21 de octubre de 2011

6. Acá no pasó nada



Un día después, me volvió a hablar, como si nada hubiese pasado. Ella no me había dicho con sus propias palabras que no quería tener nada conmigo. Creo que por eso decidí seguir hablándole. Tenía una esperanza. No me pregunten en base a qué tenía esa esperanza, pero la tenía. Ese mismo día, le compuse otras dos canciones:

Perdón

Ya te dije
la verdad.
No me queda
más que esperar.

Es muy molesta
esta situación.
Pero quiero la respuesta
que te dé tu corazón.

No te demores,
con tu silencio,
sólo agrandas mucho más mis temores.

Mi cariño por ti,
está ascendiendo.
Y se resume,
con lo que estoy escribiendo.

Aquí,
tan lejos de ti.

Te pido perdón
desde lo más profundo,
de mi corazón.


Gracias

Han sido
once semanas
de fantasía.

Donde no me importaba
otra cosa
que tu alegría.

Pero lo que empezó
terminó,
de una manera
que mi corazón jamás pensó.

Pero ocurrió
No me queda más que aceptar
aunque duela
es la realidad
y hay que continuar.

Pero no quiero partir,
sin antes decir:

Gracias,
por ser el sol
en invierno.

Gracias,
por alejarme
de este infierno.

Del que pude salir,
gracias a ti.

El treinta y uno de agosto, me dijo que tenía una lección de historia. Los temas estaban relacionados con los burgos y la crisis del mundo medieval. Como a mí casi siempre me fue bien en historia y de esos temas me acordaba bastante, decidí ayudarla. Tampoco la ayudé mucho. Le expliqué que eran los burgos y un par de cosas más. Creo que se sacó un 8 con 50 en esa lección y yo me sentía como un profesor de historia con títulos y honores. Le decía que esa nota había sido gracias a mí y ella también decía lo mismo. Era mentira, ella estudió y obtuvo esa nota.
Cada vez que hablábamos me sentía mucho más feliz que antes de que pasara lo de aquel ocho de agosto. Creía que las cosas podían llegar a cambiar. Para colmo, ella me decía “gordo”. Me encantaba que me diga así.

En esa época, yo había entrado al “mundo Facebook”, y ella lo hizo un par de meses después. De esta forma fui dejando el fotolog de lado.
Un par de meses después, más precisamente, una tarde de octubre, se festejaban setenta y cinco años de la fundación de nuestro colegio con una muestra de stands. Recuerdo que ese día saludé por primera vez a un chico que yo creía que estaba atrás de Natalia, llamado Santiago. Antes no lo podía ni ver, pero me pareció que era una buena persona. La verdad, lo es. Mientras esperaba que ella llegara (yo había ido más temprano), me quedé con una compañera de mi curso que había entrado hace poco al colegio. En un momento, se me acercó una chica que conocía de cuando iba al Padre Elizalde y me dijo: - Una amiga dice que así como estás vestido te partís.
Imagínense mi cara. Eso lo dijo una chica que iba a sexto grado, creo que tenía trece años. Quería que le dé un beso. Mi respuesta fue obvia, aunque la dio mi compañera.
Cuando al fin llegó Nati, quería pasar el mayor tiempo posible a su lado. No quería dejarla ni un segundo. Pero sentí que ella no pretendía lo mismo. Me quedé un ratito más en el colegio, y después me fui a mi casa. Llegué y me tiré en mi cama a llorar hasta quedarme dormido.
En ese mismo mes de octubre, me hice amigo de Santiago. Quedamos en arreglar un día para salir juntos a bailar. Finalmente fuimos a Flight City (piensen lo que era ir a una matinée a mi edad en ese entonces), el primero de noviembre. Natalia también iba a ir es día. Hubo un pequeño inconveniente antes de entrar, con unos chicos que le quisieron robar a un amigo de Santi que estaba con nosotros, pero no pasó nada grave. Una vez adentro, vi que llegó. Estaba muy nervioso. Ella no creía que yo iba a estar ahí. Recuerdo que le había dicho a Santi, que tenía un motivo para ir. Había ido por Nati. Me contó que él también había tratado de estar con ella, pero que era muy tímida. En fin, confirmé mis sospechas anteriores, pero al saber que no pasó nada, me alegré bastante.
Una vez más, traté de estar con ella todo el tiempo. Pero no pude. Sentía que me evitaba. Un tiempo después, vi que estaba hablando con un chico, y me puse un tanto triste. Fui a la barra con Santi, y me dijo: - Lo más fuerte que te dan acá es un jugo de naranja. No respondí nada, sólo hice una mueca, intentando reírme.
Luego traté de buscarla otra vez y como volví a fracasar, decidí no hablarle hasta que me fuera, y me quedé apoyado en un poste, sin hacer nada. Estaba mal porque había ido por ella y no me daba ni la hora. Minutos más tarde, vino a buscarme, tocándome el hombro, y cuando la tuve frente mío le pregunté con cara de enojo: - ¿Qué querés?
Creo que no me escuchó, pero se fue y yo seguí en el mismo lugar.
Posteriormente a todo esto, fui una vez más a ver si al fin, pasábamos más de dos minutos juntos. Lo conseguí. Quedamos agarrados de las manos durante un lapso, que me pareció eterno. Tenía muchas ganas de darle un beso, pero no me atreví (maldita timidez).
Llegó el tiempo de irse, y la acompañé a la salida. Nos quedamos un momento más juntos con un par de sus amigas, hasta que se fueron.
Algo me decía que si intentaba, iba a conseguir lo que deseaba. Pero como siempre, me equivoqué.

No hay comentarios:

Publicar un comentario