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Hugo Horacio Escobar. 21 años. Intento de escritor e intento de conductor/locutor. Nochecita del Huracán por www.radiobunker.com Jueves 22 hs.

viernes, 21 de octubre de 2011

14. Cosas imposibles



A mediados de octubre, sus compañeros se fueron de viaje de egresados a Carlos Paz. De su grupo de amigas solamente fueron Evelyn, Marina y Belén. Para ese momento yo me llevaba muy bien con ellas. Se podía decir que ya eran mis amigas también. Cuando volvieron, Marina me invitó al festejo de su quince que sería en Pizza Banana. Iba a ir con Nicolás (el mismo con el que había ido al cumple de Evelyn), pero al final fui solo porque él llegaría más tarde. Durante la cena, me senté entre Fabricio y Rocío y al lado de ella se sentó Natalia. Sin saber por qué, no le di mucha importancia a Nati. En un momento, se sentó al lado mío, me dijo algo que ni escuché y para colmo no respondí. Luego de eso, Fabri me preguntó si iba a intentar algo esa noche con ella, le indiqué que no. Insistió que “en el baile es otra cosa” y volví negar que fuera a hacer algo. Luego de mi negativa, me dijo que estaba bien lo que iba a hacer y que yo era un pibe fachero. Pensé: ¡ojalá lo fuera!
Una vez que empezó la música, cumplí con lo que había dicho y no busqué en ningún momento a Nati. Es más, me quedé hasta el final de la fiesta con Rocío sentados y casi durmiendo en su hombro. Tuve que volver en el auto del papá de Marina ya que mis viejos no podían venir a buscarme, donde también viajó Natalia. Casi ni hablamos, como en toda la noche, pero le tomé la mano durante bastante tiempo en el viaje. Me dejaron en la estación de Ciudadela, por pedido mío, ya que no quería que se desvíen tanto. No dormí porque me quedé pensando en esos instantes en los que estuvimos tomados de las manos. No lograba entender cuál era el fin de eso. ¿Por qué lo hice?
El veintitrés de noviembre tuve mi fiesta de egresados. Para ser sincero, me aburrí mucho. Tomé un poco de alcohol para “levantar” el ánimo, pero no sirvió demasiado.

Algo me decía que ya era tiempo de que Nati, sepa la verdad del tatuaje. La noche del veintiséis de noviembre hablé con Evelyn:

Hugo: Che yo creo que mañana es el día. Creo que vas a tener que contarle.
Evelyn: No sabes si le conté o no. Así que shhh.
Hugo: No creo que le hayas contado, si no me hubiera dicho algo.
Evelyn: Bueno, ¡basta! Vos me dijiste que no querías saber.
Hugo: Bueno entonces se lo cuento yo. Aunque sabés que te estoy mintiendo porque no tengo la valentía para hacerlo.
Evelyn: Ya lo sabe.
Hugo: ¿Posta? Jodéme…
Evelyn: Sí.
Hugo: ¿Cuándo se lo dijiste?
Evelyn: ¿Querés saber?
Hugo: Quiero saber.
Evelyn: Unos de los primeros días que me dijiste que se lo diga.
Hugo: Bueno, está bien. ¿Qué dijo?
Evelyn: Nada, se puso a llorar.
Hugo: Ya vengo.

Me levanté de la pc. Y comencé a dar vueltas por cada rincón de mi casa. ¿Ya sabía la verdad y no me había dicho nada? En la cena, no hablé. No dije una palabra y comí muy poco. En lo único que pensaba era en lo que había hablado con Evelyn y en la reacción de Natalia.

El siete de diciembre se realizó la “fiesta de los colores” de ese año. Hicimos un gran festejo con mis compañeros ya que terminábamos el colegio. ¡Bah! Es una forma de decir porque yo había desaprobado siempre materias. Natalia y sus amigas concurrieron, pero no pudimos hablar ya que se fueron antes.
Doce días después, tuve mi entrega de diplomas. Decidí que me lo entregaran Mirta, mi profesora de Historia, y Carolina, de Comunicación y Periodismo. Las elegí, porque, aparte de que fueron las profesoras de las materias que más me gustaron en mis años de escuela, con ellas aprendí mucho y tuve una excelente relación.
Durante esa ceremonia, caí en la realidad de que terminaría una etapa y empezaría otra, más difícil. También entendí que ya no iba a ver a Natalia todos los días porque no estaría en el colegio el próximo año. Me puse bastante triste, sin embargo, no lo reflejé demasiado.
Tres días más tarde tuve una conversación con Evelyn que cambió, dio un giro, a varias cosas:

Evelyn: ¿Vos todavía sentís cosas por Nati?
Hugo: O sea, no te voy a mentir, por algo tengo este tatuaje. Yo perdí las esperanzas pero ella siempre va a tener las puertas abiertas.
Evelyn: Igual, Natalia se hace la pelotuda pero también siente algo por vos.
Hugo: ¿De verdad?
Evelyn: Para mí y para un par de las chicas, sí.
Hugo: Y bueno, pero... no sé qué decir.
Evelyn: Y bueno corazón, yo tampoco sé que decirte, jaja
Hugo: Me dejaste pensando ahora, jaja
Evelyn: Es obvio nene. No lo dice pero lo demuestra. Siempre que le pregunto algo de vos, se pone como loca. Nerviosa, no sabe que decir. Abre los ojos. Se hace la boluda jaja.
Hugo: Jajaja
Evelyn: Jajaja
Hugo: Jajaja

Me reía de lo nervioso que estaba en ese momento. Estuve pensando mucho, como nunca antes. ¿Sería verdad lo que me decía Eve? ¿Debía jugarme una vez más? ¿Qué podría llegar a pasar si las cosas no salían como esperaba? Ella, ¿sentía algo por mí? Tenía que saber cuán cierta era la teoría que me planteó su amiga.
Al día siguiente, Nati tenía que rendir geografía, la última materia que le quedaba. Era el momento justo. Ese veintitrés de diciembre, me levanté temprano y fui al Showcenter de Haedo a comprarle un regalo para navidad. Le compré algo simple: una flor de peluche. Cuando estoy yendo en colectivo para el cole me avisó que había rendido bien. Me alegré mucho en ese instante. Llegué y nos quedamos en el hall, porque faltaba que rindan algunos de sus compañeros. Mientras esperamos jugábamos, nos pegábamos. Parecía que todo era perfecto. Creí que tenía una oportunidad más concreta de lograr lo que quería que en ocasiones anteriores. Un rato antes de irnos, le pregunté si podía acompañarla a la casa. Me respondió que no tenía ganas de caminar y que por ahí la llevaba la mamá de Marina. Insistí un par de veces más (como siempre), y más tarde nos fuimos con Ramiro y Maru para lo del Pela. Le pedí que fuéramos a dar una vuelta. Su respuesta fue: conozco tus vueltas. Estuvimos “discutiendo” de eso por 5 minutos. Yo amagaba con irme enojado, si no aceptaba lo que le propuse. No lo iba a hacer sin saber si era cierto lo que dijo Eve. Después de hablar de cosas sin sentido, le dí su regalo. Yo quería hacer algo más antes de irme y creo que ella se dio cuenta de todo. Entendí que me había equivocado una vez más. La abracé y le conté que el tatuaje que tenía en el pecho, eran también sus iniciales. En ese momento quiso llorar, pero le pedí que no lo haga. Igualmente se quebró cuando le dije por primera vez a la cara, que la amaba como a nadie. También que me perdone por todo lo que hice (una vez más), por ser tan estúpido. Le expliqué que iba a dejar de hablarle por un tiempo, porque era la única manera de tratar de dejar de sentir, lo que sentía por ella.
Después de todo esto fui a mi casa. En el camino tomé conciencia de lo que había pasado. Llegué y comencé a llorar, escuchando una y otra vez la canción “Aunque hoy me veas partir” de Noel Schajris, ex integrante de Sin Bandera. Siempre que una persona está triste pone este tipo de música. Varios piensan que es una forma de auto-flagelarse, pero no es así. Sentís que la melodía te acompaña y que no sos la única persona que pasó por la misma situación que vos. Sé que suena medio extraño, pero es lo que pienso.
En ese lapso de tiempo, recibí un mensaje suyo, agradeciéndome (una vez más) por todo lo que había hecho por ella. La vi conectada al MSN:

Hugo: Gracias por tu mensaje, pero soy yo el que nunca te va a poder agradecer todo. Yo no hice nada bueno. Soy un desastre.
Natalia: Sabes que no es así, no digas eso. Porque las cosas que hiciste y hacés por mi yo creo que NADIE las hace y yo nunca voy a dejar de agradecerte todo. 
Hugo: Gracias otra vez. Pero, yo sé que soy un desastre, soy un cobarde por no poder entender las cosas, soy un estúpido por no ver la realidad. Duele mucho entender ahora que va a ser otra persona la que te va a poder hacer feliz, la que te va a poder abrazar y pasar más tiempo con vos, que te va a poder besar como lo hice yo durante un tiempo.
¿No ves que soy una basura? Es así.
Natalia: Me voy a comer ya vengo.
Tardó diez minutos en volver.

Natalia: ¿Vos crees que cuando una persona da todo por la otra, la hace sentir bien, y la quiere tanto, tanto es una basura? Te estas confundiendo me parece. ¡Bah!, vos lo pensás así, pero no es así.
Hugo: Yo no dije que te quería. Tenía que haber entendido todo la primera vez. Después, la vez que te dejé de hablar este año, pregúntale a Irina como me sentía. Estaba bien porque sabía que vos, lejos de mí, vos estabas bien. Después hablamos y estuvimos juntos esos días y otra vez lo mismo.
Natalia: Sabés que yo no estoy bien cuando estoy mal con vos. Y vos mismo me lo dijiste en un mensaje, que todavía tengo me parece, que no era bueno para los dos.
Hugo: Si, ya lo sé. Pero no es lo mismo. Yo me muero por estar con vos. Por eso te hablo, porque me siento bien, pero en ese tiempo pensaba distinto.
Natalia: Ya lo sé Huguito. Yo lo único que quiero es que vos estés bien
Hugo: Vos no me podés dar lo que yo quiero para estar bien.
Natalia: Ya sé y me duele muchísimo no poder darte lo que te merecés.
Hugo: Perdonáme.
Natalia: No te tengo que perdonar nada sino al contrario. Por ahí, pensás que no, pero es así.

Me quedé pensando por cinco minutos y le dije:

Hugo: Vas a estar siempre conmigo, ya te dije por qué. Esto lo hice porque no te quiero olvidar nunca, porque vos sos esa persona en la que pienso cada vez que trato de hacer las cosas bien, porque cada segundo estoy más seguro de que vos sos el amor de mi vida, y que nunca, pero nunca voy a sentir lo mismo por nadie. Cada persona que quiera estar conmigo, va a tener que entender que yo amo a Natalia F. A. y si algún día, aunque sea el último día de mi vida, quiere estar conmigo, va a tener que entender que yo voy a querer estar con ella.
Natalia: No sé qué decirte la verdad, sos increíble.
Hugo: Es la verdad. Tengo tu anillo, después se lo doy a alguna de las chicas.
Natalia: No tengo problema, si querés tenélo.
Hugo: No, es tuyo.
Natalia: Y por eso te estoy diciendo. Vos hacé lo que quieras, por eso te dije.
Hugo: Bueno, está bien.
Natalia: No existe persona más buena que vos. Te lo aseguro Hugo: Me voy a acostar porque no doy más. Muchísimas pero muchísimas gracias de nuevo.
Hugo: De nada. Un beso, que descanses. Acordáte de todo lo que te dije. Nunca en la vida, me voy a olvidar de vos. Te amo, perdonáme.
Natalia: Yo tampoco me voy a olvidar ni de vos ni de todo lo que hiciste. Y de nuevo no te perdono nada porque no tengo por qué. Un besito.

Cumplí con mi palabra y una vez más, dejé de hablarle.

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