Al día siguiente, fui a ver el partido entre Vélez y Huracán. Si bien yo soy hincha de Independiente, no me podía perder la definición del Clausura 2009. Admito que quería que salga campeón Huracán (aunque el partido lo vi en la popular de Vélez) por su buen fútbol y porque Alan es hincha de ese club.
Volviendo al tema principal de esta historia, después de nuestro encuentro dejamos de hablar por un tiempo. Ese tiempo duró nueve… días. No aguantaba no saber cómo estaba, que hacía, donde iba.
Entonces no tuve mejor idea que hablarle y sé que estuvo mal hacer eso. Cuando me preguntó cómo estaba le respondí (obviamente) que estaba bien. En realidad me estaba muriendo por dentro. La necesitaba y mucho. Le pregunté si tenía algo nuevo para contar y me respondió “Nada nuevo, todo igual que siempre”. Todo igual que siempre. Me dijo eso, como si hubiéramos estado sin hablar por cinco años. ¡Bah! Yo sentí eso.
Al día siguiente compuse otra canción:
Por última vez.
Entendí al final
que esto no podrá terminar.
Aprendí a desconfiar,
al destino no lo puedo controlar.
No volverás
aunque espere
y vea al tiempo pasar.
Me olvidarás
y eso llena de tristeza
este lugar.
Dame una razón,
para que mi corazón siga latiendo,
no sigas mintiendo.
La verdad
se ve reflejada
en tu mirada
una vez más.
Para amar
he luchado
pero es algo que no puedes comprender.
Para estar
siempre a tu lado,
tendré que cerrar los ojos por última vez...
Seguíamos hablando horas y horas como lo hacíamos anteriormente. Eso me hacía cada vez peor porque extrañaba esos días en los que estuvimos “juntos”, hasta que el diecinueve de julio a la noche, no soporté más y le mandé un mensaje diciéndole que la extrañaba. Extrañaba tenerla cerca. El mes de asueto fue positivo porque no podía verla y negativo por la misma razón. No recuerdo su respuesta al mensaje, pero volví a dejarle de hablar por unos días. Faltaba un poco más de un mes para que me vaya a Bariloche y quería que ese viaje llegue lo antes posible.
Después de lo que ocurrió entre Natalia y yo, Evelyn me seguía diciendo “cuñado”. Me continuaba gustando al principio, pero después me empezó a hacer mal y, en una conversación, le pedí que deje de hacerlo. Entonces no volvió a dirigirse a mí con esa palabra. En esa misma conversación, le comenté lo del viaje y que tres días después de que vuelva, iba a ser su fiesta de quince (me había dado la invitación anteriormente).
Decidí borrar a Nati del todo. Del MSN, del Facebook, del celular, aunque me sabía de memoria su número. Luego hable con Eve:
Lalo: Te puedo pedir un favor enorme
Evelyn: ¿Cuál?
Lalo: Mira la cosa es así: yo elimine a Natalia del Facebook, del MSN, del celular porque o sea yo no me quiero volver a tentar y hablarle porque me hace mal y tampoco quiero hacerle mal a ella. Hoy me mando la solicitud de amistad otra vez. La acepté pero ahora la volví a borrar. ¿Le podés decir que esto lo hago por el bien de los dos?
Evelyn: Bueno. Pero ¿le digo que vos me dijiste que se lo diga o como cosa mía?
Lalo: Decíle que yo te dije.
Evelyn: OK, bancáme.
Lalo: Dale. Gracias.
Evelyn: De nada, pero no me contesta.
Lalo: Ya va a responder.
Evelyn: Natalia: Yo después de que lo agregué me di cuenta, no sabía que me había eliminado.
Evelyn: Bueno pero lo que él quiere que sepas, es que lo hace por el bien de los dos.
Natalia: Si, está bien, igual recién lo tenía conectado o ¿me eliminó del MSN?
Evelyn: ¿Qué le pongo?
Lalo: La eliminé también del MSN.
Evelyn: Ok. Me dijo: ¿está conectado? ¿Le digo que sí?
Lalo: Sí.
Evelyn: Natalia: Decíle que está bien, que lo entiendo, porque tampoco quiero que esté mal, pero bueno ya está.
Lalo: No voy a estar mal.
Evelyn: Natalia: Bueno, mejor.
Ya le empecé a hablar de otra cosa.
Ya le empecé a hablar de otra cosa.
Lalo: Gracias de nuevo Eve.
Evelyn: De nada. Sabés que si necesitás algo me lo pedís. Mientras pueda, te voy a ayudar.
Lalo: Vos sabés que también estoy para todo.
Evelyn: ¡Gracias!
No duré mucho. Para mediados de agosto, ya le estaba hablando otra vez. Pensé que era mejor esperarla y mientras tener una buena relación. ¿Quién me entiende, no?
Decidí cortarme el pelo. Me estaba incomodando tener el pelo algo largo, así que decidí raparme. Cuando lo hice me quise matar, ya que no me quedaba muy bien. Natalia me decía “Pela” en algunas ocasiones.
Faltaban dos días para que me vaya a Bariloche con mis amigos y compañeros. Y decidí hacerme otro tatuaje (sin permiso, claro). Había hecho un diseño de las iniciales de mi hermana (M.A.E), entrelazadas entre sí. Curiosamente ese diseño, también daba la impresión de ser las iniciales de Nati (N.F.A). Perdón, ¿hay alguien que crea mi “curiosamente”? Gracias…
En fin, no tenía plata para hacerme el tatuaje y cometí un error grave: le saqué cien pesos a mis viejos, de la plata que tenían guardada. Fui a Ramos Mejía (como la vez anterior), pero me tatúe en otro local. Mostré el documento viejo de mi hermano, firmé un papel y listo. Cuando la chica que tatuaba me preguntó en qué zona lo quería, elegí el pecho, cerca del corazón. Me dolió mucho, porque es una zona muy sensible. Sentía que me estaban cortando con un cuchillo. En ese momento pensé en Natalia, en como mis viejos iban a reaccionar cuando se enteren de que tenía otro tatuaje y que les había sacado plata, en mi hermana y varias cosas más, para no pensar en el dolor que sentía. También decidí repintarme la inicial de Irina, porque no la había cuidado como debía. No duré más de una hora ahí adentro, pero pareció que fue más tiempo.
Luego fui a lo del Pela, pero Nati no estaba ahí. Me crucé con Evelyn, y su novio, Nicolás. Le pregunté a Eve si sabía dónde estaba su amiga y me respondió que se había ido a la casa de Rocío y me quedé con ellos esperando a que venga. Me sentí de más ahí. Cuando llegaron, les mostré el tatuaje. “Estás loco” – me dijo. ¿Qué podía llegar a pensar cuando se entere que también eran sus iniciales? Me guardé el secreto. Pero tarde o temprano se tenía que enterar.
Ese mismo día, tuvimos una pernoctada en el colegio, como despedida porque nos íbamos a Bariloche con mis compañeros. La pasamos muy bien, con un fogón incluido en el patio de la escuela. Al día siguiente, hicimos una fiesta con espuma, bombo y redoblantes. Estábamos felices porque faltaba tan poco para que ocurriese algo que esperábamos hace mucho. Cuando terminamos, juntamos nuestras cosas y cada uno fue para su casa. Más tarde, fui a la salida del colegio a despedirme de Natalia y sus amigas. Me dijo que disfrute del viaje, que trate de pasarla lo mejor posible. Quería irme a Bariloche, pero no quería estar lejos de ella.
Al otro día Nati tenía el festejo del cumpleaños de quince de su amiga Sofía.
Al otro día Nati tenía el festejo del cumpleaños de quince de su amiga Sofía.
Más tarde hablamos por MSN:
Lalo: Vos querés que me vaya y que no vuelva. Pero vas a llorar mucho igual.
Natalia: Jajaja. Voy a crear un nuevo río y le voy a poner H.H.E. en tu honor.
Lalo: Jajaja. Y... con esos ojos…
Natalia: Y bueno, ¡¿qué querés?! No tengo la culpa de que sean grandes.
Lalo: Igual no me voy a morir para que me lo hagas en mi honor.
Natalia: Jajaja.
Lalo: No te hagas la tonta, si te gustan tus ojos.
Natalia: Si, no dije que no me gustaban capito. Jajaja encima la vez pasada que di mal matemática y estaba llorando, Evelyn me dice: nunca vi tus ojos así.
Lalo: Yo por suerte nunca te vi llorando ni quiero verte llorar.
Acuérdense bien de esa última frase.
Quedamos en que cuando llegaba a Bariloche, le iba a mandar un mensaje para que me llame. Me hizo sentir muy bien eso. Sentía que le interesaba y que me iba a extrañar.
Antes de que se vaya al quince, tuvimos una última charla:
Natalia: Guachito, pasála hermoso. Disfruta muchísimo.
Lalo: Como siempre. Nos vemos a la vuelta, seguramente esa semana faltaré. Y caigo en el cumple de Eve.
Natalia: Bueno tontito. Pasála lindo y cuidáte, eh?
Lalo: Bueno tonta. Un beso enorme.
Natalia: Otro. Te quiero Huguito.
Lalo: ¿Y yo? No te das una idea. Nos vemos, cuidáte mucho.
Natalia: Suerte.
Lalo: Suerte. ¡Chau!
Te quiero Huguito, te quiero Huguito, te quiero… Esas palabras dieron vuelta por mi cabeza durante mucho tiempo. Después de todo lo ocurrido anteriormente, me lo volvía a decir. Volvía una ilusión. Una más. En ese momento deseaba que pase rápido el viaje, que sea el día del quince de Evelyn para volver a jugarme. Jugarme otra vez más…


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