Datos personales

Mi foto
Hugo Horacio Escobar. 21 años. Intento de escritor e intento de conductor/locutor. Nochecita del Huracán por www.radiobunker.com Jueves 22 hs.

viernes, 21 de octubre de 2011

1. Siempre todo comienza con un cruce de miradas


El verano ya había quedado atrás. Dos meses de clases pasaron rápidamente, compartiendo cada mañana con mis amigos y los compañeros de curso. Éramos los mismos del año pasado (sacando a los que repitieron, obvio), sólo entraron dos personas nuevas.

Todos los días eran prácticamente iguales. Llegaba, saludaba a los chicos, charlábamos hasta que entraba el profesor, salíamos al recreo, volvíamos al aula, saltábamos a segundo recreo, regresábamos a clase, agradecíamos el tercer recreo, un ratito más de clase (estos últimos dos los días que nos íbamos 13:35 o 14:15 hs) y finalmente a casa, salvo que tuviéramos Educación física, entonces volvía un poco más tarde.
Eso. Eso era mi vida. ¡Qué vida! Es lo que puedo llegar a pensar ahora.
Ustedes tendrían que haberme visto en aquellos días. Eran tiempos donde estaba en pleno auge la moda flogger. ¡Lo que era! Mi pelo tenía un volumen importante. Parecía un león. Y no estoy exagerando. Me levantaba a las seis de la mañana para ponerme crema para peinar (en ese tiempo todavía no tenía planchita). Miren en lo que perdía una hora valiosa para dormir. Dios…
Me sentía cómodo con mi aspecto. Pero ahora, miro fotos viejas, y me pregunto: ¿ese era yo? ¿O me va a decir que ustedes nunca hicieron lo mismo?
Jamás me consideré lindo, ni tengo razones suficientes para creerlo, ni mucho menos para serlo (Morocho, ojos marrones, flaco, con suerte llego a 1,70 cm de altura y no tengo una linda sonrisa). Pero admito que en esa época, tenía un poquito más de “levante”. Me da gracia decir esto. Bueno, no nos vayamos por las ramas…
Un día de mayo, (no me acuerdo exactamente cuál; gracias Alan, de nuevo), estaba en uno de los recreos, sentado con mis amigos en la escalera que lleva a la capilla del colegio (siempre estábamos ahí), hablando de cosas de nuestro interés, como por ejemplo, de fútbol. Hasta que, de repente, se cruzó una chica delante mío. No saben cómo quedé en el momento que su mirada chocó con la mía. Inmóvil, sin respirar. Eran los ojos más lindos que jamás en mi vida había contemplado. Grandes, de color oscuro. Acompañados de una cara preciosa. Era simple, pero hermosa. Bah, no era. Lo sigue siendo.
A partir de ese día, esperaba ansioso cada recreo para poder ver esa mirada de nuevo.
Pensé que seguramente ella había entrado ese mismo año al colegio, porque anteriormente nunca la había visto. En esa institución, al haber un circuito muy cerrado, casi todos se conocen entre sí o saben quiénes son. Pero en esta ocasión yo no sabía nada de ella, ni del grupo de chicas que con el que siempre estaba, porque tampoco las había visto antes.
En una ocasión, sentado en la escalera de siempre con Irina (mi mejor amiga), le pregunté:

- Iri, ¿sabes cómo se llama esa chica? – mientras trataba de señalarla.

Me respondió:

- Sí. Creo que se llama Marina – Y en ese instante, me quedé pensando.

El veinticuatro de mayo del 2008, estaba en mi casa, frente a la computadora, cuando decidí que no podía pasar más tiempo sin hacer nada y conformarme solamente con mirarla en cada recreo. Sentía la necesidad de hablarle. Estuve buscando su fotolog para ver si en alguna parte estaba su mail, agregarla al MSN y charlar con ella. Quería conocerla.
Busqué, hasta que encontré un fotolog que se llamaba /mmaruh. Al fin lo había encontrado. Pero al entrar, me di cuenta que no era ella, sino una amiga suya, del grupo que siempre veía en los recreos. Vi un par de fotos para ver si estaba en alguna de ellas y saber cuál era su verdadero nombre. Hasta que encontré una. Su nombre era (es) Natalia. Revisé para ver si estaba su página, hasta que la ubiqué. El fotolog era /reeeboludaaa (me sorprendió bastante ese nombre). En ese instante me sentí muy bien, y más cuando vi, que ahí estaba escrito su mail.
La agregué al MSN y me aceptó. Tenía mucho miedo de hablarle. Porque siempre tuve miedo de caerle mal a las personas. Pensándolo bien, no sé por qué tengo ese miedo, si nunca le caí mal a nadie. O eso creo yo…
Estuve una hora pensando en qué le podía decir, pero al ver en su nick “Con las chicas ♥”, pensé que lo mejor era no hablarle todavía. En realidad, no lo hice porque no quería pasar vergüenza frente a ella y todas sus amigas. Pero eso no terminó ahí, sino que en un momento me escribió y me preguntó:

Natalia: ¿Quién sos?

En ese momento no sabía qué hacer, tan sólo respondí:

Lalo: Me tengo que ir, después te cuento quien soy.

Me desconecté.
Estaba feliz, demasiado; porque la había encontrado. Esa noche, pese a mis nervios en el instante que me habló, me fui a dormir muy tranquilo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario