Datos personales

Mi foto
Hugo Horacio Escobar. 21 años. Intento de escritor e intento de conductor/locutor. Nochecita del Huracán por www.radiobunker.com Jueves 22 hs.

viernes, 21 de octubre de 2011

17. Nada más.

Al otro día, firmé su Facebook, diciendo que la había pasado bien en su quince, y minutos más tarde chateamos un ratito.
El ocho de marzo comenzaron las clases para Natalia y sus amigas. Y como no podía ser de otra manera (bah, podría haber sido de otra manera en realidad), fui a la salida del colegio. Un día después, al revisar mi muro, veo que me firmó su mamá, porque la había agregado anteriormente:

Sandra L.
Hola Hugo. ¿Viste cómo te reconocí? ¿La pasaste bien el sábado?
09 de marzo de 2010.

La conversación siguió así:

Hugo Escobar
Hola Sandra. La pase de diez. Lástima que no pude bailar con usted.
09 de marzo de 2010.

Sandra L.
Bueno seguramente no faltará oportunidad. Pero no me trates de usted porque me hacés sentir más vieja. Igualmente me parecés muy educado y por eso te doy permiso que me trates de “vos”. Un besito.
09 de marzo de 2010.

Hugo Escobar
Bueno, no la trato más de usted. Jajaja. Y voy a estar esperando esa oportunidad de bailar con vos.
09 de marzo de 2010.
Bien. No sólo volví a hablar con Natalia, sino que también comencé a hacerlo con su mamá…
Ya habíamos vuelto a hablar como antes. Diciendo una estupidez (graciosa), tras otra.
El jueves once de marzo del 2010, fue un día que nunca en mi vida voy a olvidar. Fui una vez más a la salida del colegio y acompañé, un par de cuadras, a Nati y sus amigas. En un momento nos dividimos y decidí acompañar a Natalia hasta su casa.
Pensé que ahí, la saludaría e iría de vuelta a mi casa. Pero cuando estábamos en la puerta me dijo:

-¿Querés pasar?

Me quedé helado. Respondí:

-¡Ah!, ¿querés que pase?

Y ella indicó que sí. Si les digo que en ese momento, me sentía muy contento, les estoy mintiendo porque sentía mucho más que eso. Jugamos dos partidas de truco, en las que obviamente me dejé ganar. Estoy diciendo la verdad. ¿Alguien me cree?
Luego de eso, nos sentamos un ratito en la pc y entramos al Facebook:

Hugo Escobar
Estás acá al lado mío y sinceramente, te voy a matar la próxima vez que juguemos. Te deje ganar. ¡Te odio!
11 de marzo de 2010.



Natalia A.
Dos partidos míos a cero tuyos, ¿te suena a algo? Yo lo único que quiero decirte es que aprendas a jugar viste. Chau.
11 de marzo de 2010.

Un tiempo más tarde, llegó Sandra y tomamos la merienda junto al papá, Juan Carlos y los abuelos de Nati. Nosotros tomamos chocolatada y los más grandes mates, acompañados con facturas. Estaba muy nervioso, me sentía rarísimo como nunca. Casi dos años intentando algo, entre miles de vueltas y en ese momento me encontraba ahí. En su casa compartiendo la mesa con su familia. En ese momento, mi felicidad decayó un poco porque durante mucho tiempo había soñado con un día así, pero de otra manera, ¿se entiende?
Luego acompañe a Natalia y su mamá hasta una librería y me fui a mi casa. A la noche le firmé el Facebook a Sandra:

Hugo Escobar
Muchas gracias por la merienda de hoy Sandra. Te mando un beso. Nos estamos viendo.
11 de marzo de 2010.

Y respondió:

Sandra L.
No me agradezcas, vení cuando quieras. Cuando piensen en los 15 de tu hermanita les paso direcciones y consejos. Decíle a tu mami.
11 de marzo de 2010.

Las cosas marchaban “bien”, pero no como yo quería. Esa misma noche lloré por todo lo que había pasado a la tarde. ¿Hay algo peor que pasar un lindo día con la persona que amás, pero después sentirte mal porque no es como vos querés que sea?
Durante varios días después seguí pensando en esos momentos. Y le planteé mi situación a Eve:

Hugo: Bueno, a vos te cuento esto.
Evelyn: A ver.
Hugo: Pero ayer a la noche, no podía creer lo que había pasado a la tarde. Y me puse medio triste. 
Evelyn: ¿Por qué Huguito? Al contrario.
Hugo: Porque, o sea,  fui a pasar un día como amigos con ella. Y buen, yo no quiero eso. Y sé que tarde o temprano voy a volver a tropezar.
Evelyn: ¡NO! ¡PARA NADA! ¡NO VA A SER ASI HUGUITO!
Hugo: Sí, porque voy a volver querer tener algo con ella. Y va a ser la misma respuesta de siempre.
Evelyn: ¿Qué sabés? Capaz que con el tiempo cambia todo. No pienses en qué puede pasar Huguito. En qué vas a sentir después. Pensá en ahora. Dejé que todo lo que tenga que venir, pase solo. No pienses en eso.
Hugo: Pero no sé cuánto pueda esperar.
Evelyn: Vos sos fuerte. Vas a poder esperar, te conozco.
Hugo: Pero ya esperé mucho. Cada vez se me va a llenar el corazón con más y más amor. Y ese amor no va a terminar en ningún lado.
Evelyn: ¿Qué sabés? A ver, ¿cómo estás tan convencido de eso?
Hugo: Porque intenté diez mil veces y la respuesta siempre fue la misma.
Evelyn: Bueno pero estás en negativo. No sabés que va a pasar. ¿Qué sabés en dónde va a llegar ese amor? No quiero que pienses más en negativo y no quiero que pienses más en que ese amor no va a llegar a ningún lado. ¿Está bien Hugo?
Hugo: Bueno, está bien.

Dije eso último para dejar de pensar un poco en todo el dolor que tenía por dentro. ¿Cuánto tiempo más pasaría para que vuelva a caer? Pero igual ya no tenía fundamentos para intentar algo. ¡Bah! Creo que en realidad nunca los tuve. Siempre que intenté algo fue porque seguí a mi corazón, en vez de escuchar lo que decía mi cabeza. Hoy en día está comprobado de que el corazón toma decisiones por sí solas, sin intermediación del cerebro. Eso es lo que me ocurrió. Seguí a mi corazón. Y me equivoqué. Siempre que lo hice las cosas salieron mal...
Pese a esto, yo seguía hablando con Natalia. No demostraba que me sentía mal. Pero un día, a fines de marzo, dejamos de hablar sin razón alguna. Empecé a preguntarme para qué fui al quince, si sabía que volvería a hablar con ella y me sentiría mal. Días después, en el mes de abril, chateando con Evelyn ya se notaba que estaba triste (para colmo miraba las fotos de la fiesta). No podía disimular mi tristeza ni con una computadora de por medio:

Evelyn: ¿Puede ser que estés triste por algo – alguien?
Hugo: Odio ser tan previsible, ¿sabés?
Evelyn: ¿Puede ser que sea porque viste las fotos del quince de Natalia?
Hugo: Ahora que lo pienso, digo: ¿por qué carajo fui?
Evelyn: ¿Por qué decís eso Hugo? Dale contáme.
Hugo: Si no iba, era un gran paso.
Evelyn: ¡No, Hugo! No es así. Ir fue un gran paso.
Hugo: No. Ya estoy cansado de pensar en qué le va a hacer bien a la gente y no pensar en qué me va a hacer bien a mí.
Evelyn: ¿No te hizo bien ir?
Hugo: Ahora que lo pienso bien… no. Me hacen mal las consecuencias de haber ido. Cómo volver a hablarle, después ir a su casa y encariñarme un poco con la mamá.
Evelyn: ¡Ay Huguito! Te juro que no sé qué decirte. Te entiendo la verdad. Pero si vos pensás que tenés que pensar en vos, hacélo. Pero creo que ir a ese quince, te hizo bien a vos y a Natalia. Ella quería que estés esa noche ahí y vos también querías compartir esa noche importante para ella, creo yo.
Hugo: ¡Basta! ¡Ya está! No quiero pensar más en eso. Listo.
Evelyn: Bueno, perdoname.
Huguito: No te tengo que perdonar nada Eve.
Evelyn: No sabía que no querías hablar de eso.
Hugo: No sabías, vos misma lo dijiste, ya está Eve.

Luego me disculpé por cómo había reaccionado y me fui a dormir.
OK. Fue mi decisión ir al quince, pero si fui, fue porque sus amigas me dijeron que Nati se iba a sentir mal si no lo hacía. Como que me sentí presionado y no me quedó otra alternativa que ir. ¡Bah! Sí. Pero no se puede volver el tiempo atrás. Igual no estoy tratando de decir que ellas tienen la culpa. Eso que quede claro…
Cuatro días más tarde, tuve un sueño del que me desperté a mitad de la madrugada porque era increíble. Soñé que Natalia me deba otra oportunidad, pero una oportunidad de verdad. Fui muy feliz hasta que me levanté de la cama. Luego, lloré demasiado.
Ese, definitivamente no fue un buen día. A lo soñado, se le sumó que mi hermano tuvo una contusión en la cabeza, debido a un golpe, ocasionado por otro chico en un partido de fútbol, jugando en las inferiores del Club Atlético Ituzaingó. Aunque no hablemos como antes con mi hermano, me preocupé demasiado. Por suerte no pasó a mayores y sólo tuvo pérdida de memoria temporaria. Hacía las mismas preguntas una y otra vez, era un tanto gracioso, pero preocupante igual. Debido a esto, mi viejo me pidió el favor de que le lleve unos papeles de un seguro a la avenida Díaz Vélez pero cuando fui a las doce del mediodía, estaba cerrado y un cartel en la puerta decía que habría a las dos de la tarde. Regresé a mi casa y fui de nuevo, en mi recorrido pasé por el kiosco del Pela y me crucé con Fabricio y luego nos encontramos con Marina, Sofía y Natalia. Fabri y Sofi se quedaron juntos y yo acompañé unas cuadras a las demás. En todo el camino no crucé palabra con Natalia. Ni una sola. La saludé al dividirnos y nada más. Luego de dejar los papeles en el seguro, nos mandamos mensajes con Natalia:

A: Natalia.
Fue raro lo de recién, ¿no?

De: Natalia.
Sí, bastante, pero bueno.

A: Natalia.
Daría mi vida para que las cosas no sean así.
Esta vez no fui yo el que dejó de hablar.

Cuando dije eso, ya había llegado a mi casa y la conversación siguió por MSN:

Natalia: Justo te iba a contestar el mensaje.
Hugo: Bancáme un segundo que tengo que llamar a mi vieja.
Natalia: Bueno. Avisáme cuando estés.
Hugo: Perdoná, acá estoy.
Natalia: Fui yo pero no fue con intención, fue un día que no hablamos y la verdad que no sé. Después me enteré que estabas medio mal y pensé que por ahí era mejor para vos que yo no te hable, por ahí me confundí o no sé.
Hugo: Te digo la verdad, que ni yo se lo quiero. Bueno, no sé qué más decir.
Natalia: Bueno, ¿vos querés que yo te siga hablando?
Hugo: No sé. 
Natalia: Bueno está bien. Queda en vos y sólo vos vas a saber lo que querés. Sabés que cualquier cosa yo voy a estar acá.
Hugo: :). Aunque no te gusta, fue lo único que se me ocurrió mandar.
Natalia: ¡No hay problema!
Hugo: ¿Te pintó el Alf ahora? Siempre sacando un chiste, cuando no es el momento…
Natalia: Parezco de otro planeta pero no lo soy. Está bien.

Aclaro una cosa: no le gustaba el iconito de la cara feliz porque le parecía “sobrador”.
Después de ese chiste, tuvimos una charla como las de antes, riéndonos de estupideces.
Al otro día, tenía que rendir matemática ya que mis viejos se enteraron de que no la había rendido. La rendí mal, ya que no estaba preparado para darla bien y también giraba por mi cabeza la situación de mi hermano.
El domingo dieciocho de abril, me junté con Evelyn y Marina, para ver una película, en la casa de esta última. Fue uno de los pocos días en el que no hablamos de Natalia. ¡Bah! Estoy dudando si no fue el único...
Diez días más tarde, fui a la casa de Evelyn, para ayudarla con la tarea de inglés. Más tarde vino Marina. En un momento hablamos por el chat de Facebook, con Natalia. Le dije que iba a ir a la casa después de que me vaya de la de Eve, y me dijo “dale, vení”. Lo dijo para seguirme el juego porque era eso: un juego. Pero lo charlé con sus amigas y decidí ir de verdad. Fui hasta su casa, toqué timbre, dije que era yo y su respuesta fue: “bancá que me cambio y bajo”. Se había despertado de la siesta cuando estábamos hablando desde la casa de Eve y todavía estaba en pijama. Entré a su casa y nos quedamos viendo la tele un ratito hasta que decidí irme. Nos quedamos hablando un rato en la puerta y regresé a mi casa. Empecé a pensar y entendí que ya no sabía lo que estaba haciendo. No quería pasar por lo mismo de nuevo: ilusionarme y terminar aún peor que antes.

Para ese tiempo, Independiente estaba peleando el campeonato y tenía chances de salir campeón hasta el partido con Boca, en el que perdió 3 a 2 y luego con Argentinos Juniors 4 a 3 en un partido que parecía controlado ya que íbamos ganábamos 3  a 1 en el segundo tiempo. Yo tenía muchas esperanzas de volver a ver campeón a mi equipo. Anteriormente, había ido a la cancha de visitante contra Banfield (ganamos 3  a 1), y Huracán (empatamos 0  a 0). Con Boca no tuve la posibilidad de ir. En fin, al día siguiente, Natalia firmó mi Facebook cargándome porque no íbamos a salir campeones y la empeoró diciendo al final: “te mando tres besitos”.
Me enojé mucho con ella, pero luego le pedí disculpas porque no tenía por qué enojarme por más de que me haya cargado.
Ese día, hablé con Marina sobre una reflexión que tuve:

Hugo: Estuve pensando y me dije: No es el fin de mundo que una mina me diga que no quiere estar conmigo. Puede que sea el fin de ese mundo que me imaginé al lado de esa persona, pero puedo llegar otra, ocupar ese lugar. Tan sólo tengo que esperar a que llegue. Es imposible que termine solo, alguien me va a querer como yo quiero. Tan solo tengo que esperar.
Marina: Eso quería escuchar de vos, eso mismo. No quería que sufras por Natalia porque la conozco. Y hasta ahora no se jugó nunca por nadie. Es mi amiga, pero es más lenta, más tonta a veces. Muy bien, vos te merecés eso y mucho más. Y estoy segura que sí, que la vas a encontrar tarde o temprano.
Hugo: Igual vos calladita ¡eh!
Marina: Obvio, obvio.
Hugo: Perfecto, a nadie, ni a Eve
Marina: No. Pero igual vos y yo sabemos que no te vas a olvidar así de fácil de Natalia. Igual, capaz, es como más una obsesión tuya, porque te diga que “sí”, que otra cosa.

Después me hizo otra pregunta, que no tenía nada que ver con lo que dijo de esa “obsesión”. Venía bien la conversación hasta ese último comentario. ¿Obsesión? ¿De qué?
Por más de que haya insistido un montón de veces para intentar tener algo con Natalia, nunca fue una obsesión. Siempre tuve mi límite. Siempre que me alejaba, lo hacía porque pensaba que lo mejor para ella estar lejos de mí. No me importaba lo que pasaba conmigo. Era amor lo que estaba sintiendo, eso pasa cuando dejás todo para hacer feliz a una persona arriesgando tu propia felicidad. Seguramente se habrá equivocado, pero en ese momento me dio mucha impotencia de que use esa palabra, teniendo conocimiento de todo lo que había hecho por su amiga. Pero cerré la boca otra vez…

Faltaba poco para que se cumplan dos años desde que comencé a conocer a Natalia. Haciendo un resumen de todo lo que pasó, la balanza se fue para el lado de lo negativo y por una amplia diferencia. Tenía que terminar con todo esto de una vez. Necesitaba comenzar mi vida de cero una vez más…

No hay comentarios:

Publicar un comentario