Datos personales

Mi foto
Hugo Horacio Escobar. 21 años. Intento de escritor e intento de conductor/locutor. Nochecita del Huracán por www.radiobunker.com Jueves 22 hs.

viernes, 21 de octubre de 2011

3. Eskapar



El veintidós de junio escribí una canción, la primera dedicada a ella:

Puedo quedarme todo el día,
mirándote.
Pero no bastaría,
al fin te encontré.

Después de tanto buscar,
te pude encontrar
en el lugar menos pensado
con esa mirada quedé paralizado.

Una mirada tan especial,
que me hizo olvidar
un viejo dolor.

Un dolor tan abismal,
que jamás pensé,
que iba a superar

Parece una locura,
pero al fin llegaste
y con toda tu  ternura,
mi vida pintaste.

Seis días después, Nacho (uno de mis mejores amigos) tenía el primer recital con su banda (que interpreta música ska), en donde él toca el bajo. Pero hay un detalle muy importante en esto: el hermano de Natalia, también forma parte de ese grupo (toca la guitarra y canta).
Se iban a presentar en el Taller San Lorenzo, en Morón. Yo le había comprado la entrada a Nacho unos días antes. Nati también iba a ir a ver a su hermano. Pensé que esa podía ser mi oportunidad.
Pero surgió un pequeño (gran) inconveniente: mi viejo no me dejaba ir ya que no tenía buenas notas en el colegio.
Tenía muchísima bronca por tres motivos: no iba a ver a mi amigo en un momento tan importante como ese, tampoco a Nati y desaprovecharía mi oportunidad.
Yo quería ir sí o sí. Por suerte, mi vieja salió esa tarde y mi viejo se fue a dormir una siesta. No lo pensé dos veces. Me cambié, escribí una nota para mis viejos agarré las llaves y me fui.
Habíamos quedado en encontrarnos los que íbamos a ir, en el kiosco del Pela, que queda en la esquina de Maipú y 25 de Mayo, a las siete, porque el recital empezaba a las ocho (a ese kiosco también íbamos después del colegio, o antes de ir a gimnasia). Fui a las seis y media y me quedé esperando. Sólo vinieron tres compañeras. Tomamos el tren desde Ciudadela hasta Morón y luego caminamos un par de cuadras para llegar al lugar donde iba a tocar la banda.
Llegamos y nos encontramos con otras compañeras y unos amigos de Nacho. Esperamos un tiempo, hablando y sacándonos fotos cuando, de repente, llegó ella.
No me saludó al entrar, sino un poco más tarde.
Había llegado con su mamá y su papá. Y eso me jugó en contra. No pudimos hablar nada, ni una palabra.
Cuando terminó el recital, la saludé y me fui con las compañeras con las que yo había llegado. Había perdido mi oportunidad aquella vez.
Estaba contento por un lado, porque vi tocar a mi amigo y triste porque no pude hablar con ella. Aunque lo peor ocurrió al llegar a mi casa. Mis viejos habían tomado una decisión después de lo que  había hecho: no me dejaban salir solo del colegio. Eso fue algo muy duro para mí. Para salir, me tenían que venir a buscar. Cada vez que mis compañeros y amigos me cargaban por eso, yo hacía una mueca, simulando que me reía, pero en realidad, estaba muy mal.
Tenía dieciséis años y parecía un nene de jardín porque venía mi mamá a buscarme. No podía salir para ver a Nati, antes de que ella o yo, entráramos a gimnasia.
Recuerdo que un día, estaba esperando en el hall del colegio, a que venga mi mamá. Justo salía Natalia, la saludé y le dije que se quede un ratito. Ella me dijo:

- Salí – (ella no sabía que no podía salir).

Yo respondí (en voz bajísima):

- No puedo – y vi como la puerta del hall se cerraba en mi cara.

En ese momento, odié con toda mi alma a mi viejo porque no me había dejado ir al recital con permiso. Pensé que él había sido el culpable de todo esto. Hoy sé que el culpable fui yo y que el castigo pudo haber sido más leve, pero debo admitir que me sirvió mucho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario